Aquella mañana lluviosa estaba colocando paneles informativos de obras en la carretera, en el tramo entre Buñol y Chiva. Desde primera hora se notaba un ambiente extraño: mucho movimiento de vehículos y helicópteros de la Guardia Civil sobrevolando la zona. Más tarde supimos el motivo.
Al parecer, dos hombres armados habían intentado atracar una sucursal bancaria, concretamente la Caja Rural Valencia Castellana situada en la zona de Las Ventas de Buñol. El director del banco se percató de lo que ocurría y logró avisar a la Guardia Civil. Los atracadores huyeron rápidamente en un Ford Orión blanco.
En aquellos días, la Benemérita ya tenía bastante trabajo encima. España entera seguía conmocionada por el crimen de Alcàsser y Antonio Anglés estaba en busca y captura. Incluso llegaron a circular rumores de que podía encontrarse por la zona de Buñol. Algunos comentaban que aquel intento de atraco podría haber sido una maniobra para distraer a la Guardia Civil y facilitar la huida del asesino de las niñas de Alcàsser.
Pero lo más surrealista de aquella mañana todavía estaba por llegar.
Justo donde nosotros trabajábamos también pasaba la vía del tren de cercanías Madrid-Valencia. De repente, vimos cómo un tren se detenía en mitad de la vía, algo completamente inusual. Ante nuestros ojos atónitos, dos personas bajaron del convoy y el tren continuó su marcha en dirección a la estación de Chiva.
Era un chico y una chica que apenas podían mantenerse en pie. Caminaban tambaleándose de un lado a otro de la vía, aparentemente bajo los efectos del alcohol o de alguna droga.
En ese momento volvió a pasar uno de los helicópteros de la Guardia Civil. Nosotros empezamos a hacerles señas para que descendieran. El helicóptero comenzó a bajar y, al darse cuenta, el chico echó a correr. De inmediato, varios agentes de los boinas verdes saltaron del helicóptero y fueron tras él.
Lo atraparon justo al lado de donde estábamos trabajando, cerca de un matadero o una empresa cárnica cuyo nombre ya no recuerdo. El revuelo fue enorme. Los trabajadores salieron al exterior alarmados por todo el alboroto y comenzaron a gritar e insultar al joven detenido. Lo mismo hacían muchos conductores que se detenían al ver la escena. La gente pensaba que habían capturado a uno de los implicados en el crimen de Alcàsser.
Pero nada más lejos de la realidad.
Más tarde nos enteramos de que aquella pareja simplemente iba drogada y había estado manteniendo relaciones sexuales dentro del tren sin importarles que el resto de pasajeros los estuviera viendo. Por ese motivo los obligaron a bajar en mitad del trayecto.
Sin embargo, el día todavía no había terminado.
Ya por la tarde, en el mismo punto donde nos encontrábamos trabajando, volvieron a aparecer los vehículos de la Guardia Civil persiguiendo a los autores del intento de robo de aquella mañana. Aquello fue una auténtica locura. Los delincuentes disparaban mientras huían y los agentes iban tras ellos a toda velocidad.
Nosotros nos refugiamos como pudimos debajo de los coches, más pendientes de no llevarnos un susto que de otra cosa, mientras veíamos aquella escena que parecía una película de acción en plena carretera.
Afortunadamente, los asaltantes acabaron siendo detenidos.
Nunca olvidaré aquel día. Fue una de esas jornadas en las que ocurre absolutamente de todo y que, con el paso de los años, recuerdas casi como una aventura más que como un día de trabajo. Y como dije al principio, todavía queda más por contar… pero eso será en la siguiente publicación.
Ah, y se me olvidaba: tampoco olvidaré aquella jornada porque el chico de naranja con aquel pedazo de pelo que aparece al comienzo del vídeo soy yo, con apenas 20 años. Y aquella fue la primera vez que me entrevistaron en televisión.
Tony Gil Zahonero
No hay comentarios:
Publicar un comentario